De viaje por la Vida

Wednesday, May 16, 2007

Por el asia

De nuevo, por la tarde, salió a fumar shisha. En aquel exótico lugar indio donde los hindús llevan un gran turbante, cual sombrero de mago, pueden mostrar una daga, una flauta o una rupia. Después de dos shishas, el ambiente empezaba a cambiar. El humo zig zageaba como las manos de las bailarinas que por momentos parecían tener tres ojos. Dos horas después, con el humo aún en la imaginación salí del bar. Rumbo a mi cuarto, dos tipos me siguieron durante varias cuadras. Ellos espantaron el humo y llamaron al sudor que en mis poros alertaba a mis músculos. Cualquier sospecha y correría despavorido en busca de atojos por callejones y calles. Tratando de cuidar mi espalda un faqhir se paró frente a mí. Esperando lo peor, aquel me hizo señas de seguir corriendo. Pronto ahí como era golpeado y dejado en el suelo, comprendí que debía despertar las más hábidas ideas de escape. Casi al llegar a mi cuarto uno de ellos me dio alcanze. De occidente, esperaría una batalla cuerpo a cuerpo. Una daga hizo su aparición, desgarró mi pierna derecha. Con un corte profundo y diez centímetros de largo no pude mas que doblar la pierna en el mismo momento en que la daga recorría mi brazo izquierdo. Con un zurco, en espera de ser batido con una estocada final. Me quitaron la cartera, mi pasarpote y adiós. La luna, mi sangre y yo en aquel lejano lugar.