De viaje por la Vida

Thursday, July 13, 2006

De peleas.



Un alboroto y la típica música de banda, se podía oir desde mas de 100 metros antes de llegar a la puerta. Los balbuceos de borrachos, los gritos de los apostadores, las risas de las damas, el chocar de copas, todos estos sonidos eran la bienvenida. Como en la grandes peleas, una manta cubría mi espacio, con el único afán de aumentar mi adrenalina. Ya llevo 2 años en esto y cada vez es como si fuera la primera, las navajas, la música, los gritos la adrenalina todo es muy intenso. Al lado de mi jaula se escucha un cuerpo arrastrado, huele a sangre, el silbido de un leve airecillo que llega hasta mi me da las buenas noches.
Una luz cegadora, blanca, intensa, se deja caer sobre mi cuando me quitan la manta. Mis vivos colores, mis fuertes patas, mi ronco pecho, me hago notar. Del otro lado, escucho que me responden, es una provocación que no estoy dispuesto a tolerar. Roco me pone las navajas, las aprita, se asegura de su filo y me soba todo el cuerpo. Empiezo a despedir un aceite que lubrica todas mis articulaciones. Más gritos, mas copas, mas dinero, el show está por empezar. Mi contrincante me mira serio, casi inmutado, con una gran soberbia, me acercan a el y lo picoteo, creo que le he lastimado la cresta. El ha echo lo mismo con mi ala derecha, pero lo haré pagar.
Apenas toco el suelo y mis patas van directo hacia él, de un satlo trato de tasajearle el cuello. Mi contrincante es rápido y ha sabido moverse, apenas rocé su ala derecha, lo suficiente para cortarle algunas plumas y dejar al un hilito de sangre. De inmediato recibo contestación, un excelete giro y una buena navaja me dan el salud, mi pata derecha ha sido herida. El tiempo se vulve vertiginoso, no existen los segundos, solo existimos él y yo, nuestros cuerpos, nuestra rabia. Nos trenzamos en una batalla sin cuartel cada quien dando sus mejores patadas, aplicando nuestros trucos, cada oportunidad la aprovecho para cortarlo mas, nuevas heridas, menos plumas, más sangre. De pronto en un último brinco logro encajar la punta de mi navaja en su cuello, herido de muerte el otro gallo cae al lado mío. Yo, debo asegurarme de que no puda levantarse, con mi pico sujeto su cuello, pruebo la sangre, siento su dolor, miro sus ojos. Una gran presión estalla en mi cabeza, una paralisis invade todo mi cuerpo, y yo con el pico sujetando al otro gallo, caigo en cuenta que lo he matado. He asesinado a un hermano de raza, he disfrutado de su dolor, que pareciera ahora disfruta de mí. Impávido miro alrededor, los gritos siguen. Tarde me hago conciente que he sido utilizado una vez más.
De nuevo, seré guardado en la jaula, con la manta, para seguir divirtiendo a los que me han criado, con el único objetivo de matar a mi gente.