De viaje por la Vida

Thursday, August 10, 2006

Tejido de todas las pieles.


Me levanto de mañana. Voy a la cocina y pongo un poco de café, un bolillo duro sobre la mesa me abre el apetito. Sorbo tras sorbo, descubro que el tiempo no se distingue cuando se está con el placer, bocado a bocado mi mente recupera su lucidez. Apenas terminado todo el bolillo y la taza de café me voy a asear. Ropa limpia, calzado boleado, listo para iniciar un nuevo día. Salgo de mi casa para descubrir que el clima está algo nublado, y no solo es el clima, también el ambiente social está enrarecido. Desde la reja del edificio logro escuchar una decena de claxons, todos desarmonizados esperando que sea el turno de avanzar. Mi ciudad, tripas de asfalto y absesos de concreto, está enferma. El aire pesado, los sonidos desfasados de consignas que llegan de los cuatro vientos. Un mar de confunsión. Trato de encontrar el orden dentro del caos, formando una y otra vez figuras con las piezas de este rompecabezas social: pobreza, descontento, distribución de la riqueza, delincuencia, corrupción. Mapas y mapas mentales buscando la solución. De pronto el camión que tomo rumbo a mi trabajo hace su aparición, voy tarde. Durante todo el trayecto veo a la gente de mi ciudad, confundida, alterada, visceral. Los plantones se han convertido en una forma de vida, con sus tianguis, feria, teatro, tiendas, fondas. Ciudades dentro de la ciudad, que buscan una nueva forma de organización, una que los comprenda y les brinde seguridad. El camión se pierde entre calles y callejones, nos vemos involucrados en un accidente de tráfico, el camión chocó contra una pipa de combustible, he sufrido graves lesiones. El crujir de mis huesos contra el parabrisas, el cráneo salido, la cadera rota, los pulmones perforados. Me alisto para la muerte, que gustosa me ha abierto los brazos, sin lugar a dudas tendré suficiente tiempo para armar el rompecabezas de mi sociedad. Le había preguntado ya a la televisión, al periódico, a la revista semanal, a los partidos políticos, a las ONG's, a los libros; a mis vecinos, familiares, amigos incluso a los méndigos de mi ciudad; ninguno me había podido ayudar a armar el rompecabezas. Tal vez la muerte con su paciencia y sabiduria lo pueda hacer, porque tiempo, el tiempo nos sobra.

1 Comments:

At 5:17 PM, Anonymous Anonymous said...

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