Por las flores.

En la mañana empecé a buscar a la catarina. Un animalito pequeño, colorido y muy vibaracho. Apenas anoche lo había visto cerca de las bugambilias, pero su mimetización me impidió tomarle las alas para que no pudiera volar mas y se quedara a mi lado.
En la entrada del jardín, pregunté al portero si había visto alguna catarina entrar, me dijo que había visto una hace ya una hora que había tomado rumbo a los robles. Me mostró la dirección y hacia allá me dirijí. Una hora después encontré los robles, majestuosos, fuertes, sabios, a señas me entendí y no pude mas que tomar mas aire y seguir el camino de las gerberas, el lugar donde según el roble mas viejo había ido mi catarina. Gerberas, gladiolas, claveles, todos los había pasado yo y apenas podía detectar esas cápsulas de perfume de una catarina, definitivamente me llevaba ventaja. Limones, naranjos, guayabos, uno que otro mango, palmeras, cañas, esto se volvía cada vez mas tropical. Cuando me di cuenta iba ya cerca de Malasia, había cruzado el mar en una gran alga marina y ahora el calor me hacía sudar a chorros. No puede ser que esta catarina me haga quedar así, me dije, y proseguí mi camino. Cada persona, árbol, insecto, animal que me topaba me decía lo mismo: si, pasó por aquí pero se ha marchado ya. Moví mas rápido mi cuerpo, mis patas flacas, tratando de darle alcanze. Cuando por fin llegué a China alguien me dijo que había regresado ya a México, donde empecé a buscarla, porque ella pensaba que su catarino se había pasado mucho tiempo solo ya. Con gran desánimo vi que todo el sudor gastado había servido solo para conocer que debía regersar a casa. Tomé el primer albatros disponible de regreso a mi tierra. La veré, me verá y todo mejorará. Saya cintah camuh!!!!!

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